Muñequitas rotas de porcelana

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Muñequitas rotas de porcelana

Cuando llegas a cierta edad, comienzas a entender y aceptar lo que eres. Supongo que nunca llegas a saber quién eres, porque en hacerlo vivimos la vida; sin embargo ocurre un cambio en el que entiendes a qué ritmo te estás conociendo. Aprendes a aprenderte, vaya. Y entonces se vuelve más fácil hacerlo. Una vez que eres consciente de que ese aprendizaje es constante, comienzas a controlarlo de manera progresiva.
Esos rollitos extra de la cadera, esas ideas locas que tienes y que nadie parecería entender, ese barro de la frente o el sonido raro que produce tu garganta cuando te ríes muy fuerte. Terminas por enamorarte de todos tus defectos. Pero llegar a entender eso es la parte difícil, tomando en cuenta la sociedad que hemos construido.
Hace un par de días estaba viendo videos random en Youtube en lugar de dormir. Terminé viendo un documental sobre un grupo urbano que se hace llamar “Living Dolls”. Generalmente son chicas con una fuerte influencia por una parte pop de la cultura japonesa. Estas chicas se visten diariamente con el propósito de simular una muñeca de porcelana o un personaje de alguna serie de dicha cultura.
Entre las entrevistas que se les hacen, todxs coinciden en que prefieren vivir en un mundo de fantasía en el que pueden ser una muñeca e incluso actuar como creen que lo haría una de estar viva, así como la desconformidad con su apariencia, que es la principal razón de la su inclinación hacia este estilo de vida, sometiéndose a cirugías estéticas caras y peligrosas para obtener una imagen que simule a la de una muñeca. A la fecha este estilo de vida es considerado una adicción, pues los participantes se obsesionan cada vez más con su propósito de convertirse en un ser perfecto y reluciente.
Existe también un grupo de hombres que optan por un estilo de vida llamado “female masks“, donde usan máscaras de latex con rostros femeninos, así como cuerpos de silicon, para salir a la calle. Esta elección de vida, según dicen, los ayuda a sentir un empoderamiento y confianza que de otra manera no pueden alcanzar. A pesar de que se trata de un tipo de transexualidad en ciertos casos, algunos participantes son hombres heterosexuales con la necesidad de convertirse en la muñeca de sus sueños es su manera de complacer este peculiar fetiche. La mayoría de los practicantes, aseguran haber comenzado a temprana edad, principalmente debido a una necesidad de sentirse hermosos.
 

Hemos idealizado ciertas enfermedades para mantener a la sociedad bajo un dedo gigante que indica que nos están juzgando desde los zapatos que nos pusimos hasta el color de nuestro cabello.

Ante los confusos estereotipos de belleza que la sociedad ha construido, existen casos que terminan en tragedia debido a la sobre-exposición de publicidad engañosa que propone que la belleza cuenta con ciertas cualidades que, en el mundo real, son inalcanzables de una manera saludable ya sea física o psicológicamente. La lista de enfermedades y trastornos en base a ello son interminables y muchas de ellas incluso incomprensibles hasta la fecha.
Hemos idealizado ciertas enfermedades para mantener a la sociedad bajo un dedo gigante que indica que nos están juzgando desde los zapatos que nos pusimos hasta el color de nuestro cabello. Por culpa de los prototipos de belleza que nos venden las grandes industrias, hemos omitido la mejor parte de la belleza: lo que sentimos.
Esta constante búsqueda por la belleza exterior nos ha sumergido en un enajenamiento colectivo en donde marginar a personas con aspectos que no se adaptan a lo que socialmente se acepta como belleza se ha normalizado, a la vez que causa estragos en el estado psicológico de los afectados, incluso desde una temprana edad.
La solución sería rechazar los esterotipos de belleza actuales y recibir la variedad Ojalá pronto todos lleguemos a esa sensación de armonía y aceptación y nos demos cuenta de que, seamos quién seamos, vengamos de donde vengamos y tomemos las decisiones que tomemos, todos somos hermosos.
Menos Donald Trump, ese viejillo parece mazorca vieja.
Impreso en: La Crónica de Hoy
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