Despedidas efímeras

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Despedidas efímeras

Hace unos días me informaron que una compañera de la secundaria perdió la vida. No la conocía mucho y no la había vuelto a ver desde los 14 años, por lo que mi primera reacción se le acercaba mucho a la indiferencia. Continúe haciendo mis cosas, hasta que de pronto me di cuenta de que llevaba más de dos minutos conteniendo el aliento. Me levanté de mi silla y corrí al baño a vomitar. Ya no estaba tan cerca de la indiferencia como yo pensaba.

Cuando nos podemos relacionar fácilmente hacia una situación, nuestro subconsciente nos dice a gritos “pusiste haber sido tú”. Lo mismo sucede de manera inversa. Cuando alguien cercano tiene éxito, por ejemplo, nuestros instintos primitivos se manifiestan hasta cierto nivel y sentimos envidia porque “pudimos haber sido nosotros”.

Por ello las películas y los libros que más nos gustan son aquellos con los que nos sentimos identificados o bien, quisiéramos sentirnos identificados.

Lo cierto es que somos más vulnerables estando vivos, pero no nos detenernos a reflexionar en ello.

Una mala noticia afecta de diversas maneras. Creo que mi reacción se debió más bien al hecho de que alguien de mi edad perdiera la vida, haciéndome cuestionarme sí mi generación está comenzando a extinguiese y si se me está terminando el tiempo para cumplir mis metas de vida. Qué egoístas podemos llegar a ser los seres humanos.

Traté de recordar a mi compañera de secundaria. No la recuerdo mucho, excepto porque era bastante popular y me hizo sentir mal a propósito en más de una ocasión. Más sentimientos encontrados me hicieron sostener el aliento de nuevo. Malos pensamientos que me llevaron a sentir culpa, después de tantos años. Y es que no nos sentimos culpables hasta que nuestras acciones recaen en alguien vulnerable. Y tendemos a pensar que la muerte es nuestro estado de mayor vulnerabilidad. La verdad es que no podemos saber en qué momento de la vida estamos. Lo cierto es que somos más vulnerables estando vivos, pero no nos detenernos a reflexionar en ello.

Finalmente sentí una pena terrible pensando en cómo debe estarla pasando su familia y preguntándome mil cosas más sobre el solo hecho de estar viva. No le llamaría miedo a lo que sentí después. Me entró un enorme deseo de que mi compañera hubiera cumplido con sus metas de vida y me motivé a ir detrás de las mías. Porque como dijo Dumbledore: “Para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura.”

Publicado en: La Crónica de Hoy

 

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