Del otro lado tampoco hay nada

sociedad y cultura

Del otro lado tampoco hay nada

“All the hate coming out from a generation who got everything and nothing guided by temptation. Were we born to abuse, shoot a gun and run or has something deep inside of us come undone? Is it a human trait or is it learned behavior? Are you killing for yourself or killing for your savior?”

—Marina and the Diamonds

Quizá una de las sensaciones que más me molestan es la de la decepción, porque soy mala perdiendo y decepcionarse significa aceptar el error de nuestras expectativas. Y en esta sociedad, más vale aprender a asimilarla, o bajarse del tren.

Siempre he sido una persona competitiva, especialmente conmigo. Me he decepcionado de mí misma en numerosas ocasiones, pero aprendo de ellas para evitarlas en el futuro, pues creo que la vida se trata de eso cuando te interesa vivirla a plenitud. Sin embargo, tendemos a cometer los mismos errores una y otra vez. “Porque somos humanos”. ¿Y qué son los humanos sino una especie más de primates? ¿Cómo no decepcionarse de ellos cuando se dicen diplomáticos y razonables, y luego demuestran que no lo son? He considerado la vieja idea de que si no puedo con ellos, me les una. Pero creo que preferiría que me arrancaran la cabeza a andar por ahí fingiendo que no pasa nada.

Andamos por ahí inventando leyes qué romper para reemplazar por otras que se acomoden mejor a nuestra manera de pensar; y religiones que lo justifiquen. 

Basta con ver la manera en que se manejan las guerras y los conflictos globales. Nuestros gobernantes llegaron a donde están mintiendo y engañando. Qué bueno que John Lennon se murió antes de ver que quizá si era el único. En tanto a aquellos que pueden dormir por las noches a pesar de la sangre ajena que derraman y el dolor que causan, bien por ellos, pues nada es absoluto. Quizá son ellos los que están en lo correcto.

Andamos por ahí inventando leyes qué romper para reemplazar por otras que se acomoden mejor a nuestra manera de pensar; y religiones que lo justifiquen. En lugar de aceptar que nunca nos vamos a poder de acuerdo. Vivimos en una tensión constante porque nos sentimos culpables de todo lo que hacemos y pensamos. Nos convencen de que somos razonables y nos dan un concepto del bien y el mal, pero en el fondo sabemos que sólo el más fuerte sobrevive. Y el más fuerte nunca es razonable y rara vez cumple con el concepto de “bueno” que establece la sociedad. La confianza y la cortesía son conceptos inventados y no sabemos si sus bases son reales, la verdad es que esto es un campo de batalla, y en la guerra todo se vale. “Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio y la traición se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía”, dijo Jean-Jacques Rousseau hace un par de siglos.

Quizá deberíamos dejarnos fluir. Aceptar que en el fondo somos seres salvajes enjaulados, esperando quietos y resentidos a que alguien venga y nos lance comida para no morir, en lugar de andar por ahí como los simios que somos, rascándonos la espalda entre todos y gritando cada vez más fuerte y matando para no morir. Justo como ahora, sólo que sin la hipocresía y las mentiras. Probablemente si la humanidad fuera honesta, desaparecería en dos días. En este caso, me encantaría estar equivocada.

Pero no se puede tener todo en la vida. Dicen. Impreso en: La Crónica de Hoy

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